
Dalfaro, La Malvitano, y la TV oficial (OTRAS EPOCAS)
La Universidad Nacional de Formosa ha demostrado que en la provincia funcionan los mecanismos de defensa propios para contrarrestar elementos nocivos que atentan contra el sano funcionamiento de una institución.
El tratamiento fue lento, pero dio resultados contundentes. La semana pasada, después de cuatro años de haber destituido al rector y al decano de la Faen, se separó de sus cargos docentes a los principales responsables del affaire de los títulos truchos, y se encuentra en segunda instancia el proceso judicial iniciado en el fuero federal.
A Carlos Dalfaro ya se le conocían sus tendencias desde que fuera decano de la Facultad de Administración, Economía y Negocios, cuando simultáneamente ejercía la titularidad de la dirección de Estadísticas y Censos de la provincia, y conducía con acuerdo de Adufor los intereses de una oligarquía docente que conformaba la “mayoría automática” en el Consejo Superior.
Con dicho poder mantuvo el corralito académico que aún continúa, por el cual se impedían que prosperen en el Consejo Superior las propuestas de abrir nuevos concursos docentes como los propuestos varias veces por el rectorado.
Tal mayoría automática hasta habilitó la autoprorroga de los concursos – de 4 a 10 años- seis años más que los cuatro iniciales, cuando finiquitaban los plazos de los únicos docentes concursados que podían ser electos.
Aquella mayoría defendió a ultranza las incompatibilidades docentes al punto de permitir que académicos full time sean simultáneamente autoridades universitarias y provinciales en grado de legisladores, asesores y/o ministros (privilegio que aún continúa en vigencia en varios casos).
Cada uno de los asambleístas conocía las conclusiones de la auditoría interna que les hizo llegar el rectorado donde se denunciaba que el decano de la FAEN, había suscripto un convenio que, contrariamente a la normativa, no lo había presentado ante el Consejo Superior, y fruto de una investigación interna se develó que el decano era a su vez miembro de la asociación con la que suscribía el contrato en el que delegaba la administración económica de aquellos servicios académicos arancelados.
La Asamblea, sabía lo que votaba. Pero los vientos de la alianza entre sindicalismo universitario y del poder político soplaban muy fuerte. En el programa Cable a Tierra, de la televisión oficial, se los veía juntos al decano de la Faen y candidato a rector Carlos Dalfaro con a la secretaria general de Adufor, Nélida Malvitano, y su adjunta Delia O´nocco cuestionando la gestión rectoral de quien proponía en aquel momento concursos docentes, limitar las incompatibilidades, implementar el voto directo proporcional y ponderado, publicitar de manera transparente los movimientos económicos por internet, etc.
La tendencia que se percibía antes de las elecciones, al contar con respaldo mayoritario en las urnas, se potenció hasta la impunidad, permitiendo que se replique a nivel rectoral, nacional e internacional el primitivo esquema de gestión enclaustrado en una facultad. Hasta que finalmente estalló el escándalo de la venta internacional de títulos universitarios a distancia en carreras y modalidades no aprobadas por el Consejo Superior. Solo de esa forma, ante el espejo nacional e internacional, que mostraba sin pudores hasta dónde se había llegado, se pudo comprobar la perversidad de una gestión sin escrúpulos, avalada con votos, con apoyo explícito del gremialismo docente, y con la retórica y la asesoría jurídica de afamados constitucionalistas que componen el ámbito académico de la UNaF.
Hoy vendría muy bien recordar las palabras de Humberto Granada Notario cuando se comprometió ante la Asamblea universitaria y expuso con lo mejor de su retórica las cualidades éticas y profesionales de Carlos Dalfaro para que sea rector de la UNaF.
Desde que estalló el escándalo hasta la fecha ha pasado más de un lustro, pero en el camino se han conformado comisiones investigadoras y se han sustanciado juicios, tanto en el ámbito académico como en el fuero federal.
Se ha destituido a los principales responsables de sus cargos ejecutivos y se los ha separado de su condición de docentes universitarios, amén de contar ya con un fallo judicial condenatorio en primera instancia.
La generación de una sana reacción interna, sin intervención federal, demuestra que, aunque extremadamente lenta, existe capacidad regenerativa , y posibilidades de recuperación institucional dentro mismo de los claustros universitarios, y por extensión, dentro mismo de nuestra sociedad.
Hubo varios hechos que, por otra parte, demuestrarían las razones de tanta demora en producir los cambios. Por una parte comprobar que el mismo profesional que asesoró a la mayoría automática que conducía Dalfaro para habilitar propuestas tales como autoprórrogas, endeudamientos, juntas electorales truchas, y trató de convencer a los asambleístas –lograndolo- que el decano de la Faen, era precisamente el hombre indicado para conducir la UNaF, en el transcurso de estos años ofició nada menos que de fiscal acusador. Que los conciliarios de la Faen, con su decano actual a la cabeza, asuman un sentido de defensa corporativo como facultad, y defiendan a los imputados cuestionando aspectos procedimentales, sin animarse a entrar en las cuestiones de fondo.
Y finalmente que uno de los destituidos, condenados en primera instancia, y separado recientemente de su condición docente también por mayoría absoluta, Héctor Carmelo Quijano, es nombrado nada más y nada menos que secretario provincial en asuntos universitarios y estudiantiles del partido Justicialista, avalado, según coincidentes versiones, por el sector liderado por el vicegobernador de la provincia.
Es evidente que existen factores que demoran los cambios saludables, pero los hechos también nos demuestran que con el tiempo, y a pesar del escepticismo de algunos dirigentes, la sociedad formoseña, como se ha evidenciado en la universidad con una gestión escandalosa por donde se la mire, va creando desde adentro y sin intervenciones foráneas, sus propios anticuerpos.
Fuente:Agencia Padre Santiago Renevot
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