
Terminó el corte de la ruta 11 que estaba efectuando una comunidad aborigen, y se llegó a un acuerdo con la Municipalidad de Clorinda. Un acuerdo, que al menos, contempla los puntos mas importantes de los reclamos presentados, y factible, en lo inmediato con la realización de mejoras en las calles del Barrio Aborigen, pero con promesas en cuanto a entregarles las restantes 55 viviendas e las 80 prometidas valga la redundancia, en una promesa anterior.
Duró poco mas de una semana el piquete sobre la ruta y dejó nuevamente al desnudo un montón de cuestiones, que superan las exigencias del “piquete” en si.
Primero, la desidia del Estado, que se obstina en negar una realidad de marginación, en donde las políticas referidas a los pueblos originarios, se basan en mejorar la vida de algunos “caciques” para utilizarlos como una “usina” propagandística, en la convicción de que los “mercenarios”, viviendo los beneficios que les otorga un buen sueldo, gritan lo bien que están sus pueblos, y lo bueno que hizo el gobierno por ellos (cuando en verdad hablan solo por ellos, y no les importa nada su comunidad).
El beneficio (económico) de un coro “oficial” de 10 caciques “rentados”, implica la interminable marginación de miles y miles de aborígenes, quienes no tienen la posibilidad alguna de traer sus quejas a la ciudad, y que viven expuestos en sus aislados poblados a todo tipo de “aprietes” post-protestas.
Es decir no solo deben soportar el estado de absoluta marginación, hambre, falta de salud, educación, sino que además son ignorados por funcionarios propios y ajenos (lease diputado originario, ICA). Si cortan la ruta o se quejan con organismos no vinculados al estado provincial (En depa, Inadi, etc), inclusive canales de televisión nacionales (los provinciales no dicen una sola letra sobre esta cuestión), luego los intimidan de las formas mas variadas.
Recordemos las palabras del padre Ponciano Acosta (Endepa), quien denunció que luego de la visita del Nuncio Apostólico al lote 68 (Barrio Toba), la Policía de la Provincia de Formosa interrogó a quienes habían hablado con el enviado de la Iglesia para ver que habían dicho.
Por otra parte, la Policía de la Provincia de Formosa, está, contradictoriamente, bajo la orbita del Ministro de Gobierno, Dr. Jorge Gonzalez, quien fuera en otra época militante de los derechos humanos de los pueblos originarios, junto al padre Ponciano Acosta y el padre Francisco Nazar, quienes de forma muy sutil le piden “que recuerde esos tiempos”.
Me imagino que la sutileza de los sacerdotes, tienen que ver con la “piedad” cristiana hacia alguien que hoy se ha pasado al bando antagónico, al bando contra el cual opuso sus más firmes convicciones, al bando que le otorga el “confort” del poder, que ha logrado que esos “principios” se volvieran un recuerdo molesto, de una vida autentica y militante.
Ahora bien, no sería ni el primero ni el último, hablando metafóricamente en términos religiosos, que ha vendido su “alma” en un pacto con el “demonio”.
Pero volvamos a los originarios.
A estos problemas se suma, en los lugares más alejados, la usurpación de sus tierras, no solo por parte de Empresarios atraídos por lo barato de las tierras, sino por organismos como la Universidad Nacional de Formosa que se encuentra involucrada en la construcción de un Instituto en un predio que ellos reclaman como suyo.
Es obvio que quienes tienen el manejo de los medios legales, son los “instruidos”, que presentan documentación que solo ellos pueden conocer y entender. Un título de propiedad añoso, que acredita que hay un dueño, que convenientemente “cede” el terreno a la Universidad.
Sin embargo ellos han estado desde siempre, desde mucho antes que cualquier título de propiedad.
Y los seguimos marginando, con las herramientas que nosotros inventamos, y que ellos no entienden, pero con las cuales hacemos sus vidas más miserables aun.
Pero van a volver los cortes, y van a seguir protestando porque no hay una política seria por parte del gobierno, solo “parches”, en movimientos reflejos e inerciales, cuando estalla una protesta.
Sin considerar una solución definitiva a sus enfermedades, a su desnutrición, a sus tierras ancestrales, y sobre todo sin considerar con “respeto” su idiosincrasia, porque ellos jamás pidieron formar parte de una sociedad que no entienden, y los desprecia.-
Leonardo Fernández Acosta.-
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